“No entiendo nada”. Esta es, con seguridad, la frase que más han repetido los seguidores de The Leftovers a lo largo de su segunda temporada. Después de una primera llena de altibajos, el nivel de exigencia era máximo para una serie que no acababa de despegar y cuyos datos de audiencia no era los mejores. Por si fuera poco, su creador, Damon Lindelof, arrastra consigo la pesada carga que supone ser el artífice de una serie como Lost, además de tener que continuar con una historia que ya no cuenta con una base literaria como tuvo la primera. Todo dependía esta vez de sus creadores. Y estuvieron a la altura. Nos dejaron perplejos, ojipláticos. Sobrepasaron esa altura.

Si algo ha marcado esta temporada de The Leftovers ha sido su atípica linealidad, casi inexistente, en la que la primera mitad transcurrió a saltos entre las historias de sus personajes, otorgándoles el protagonismo de cada capítulo a unos y otros. El primer golpe nos lo dio en un primer capítulo totalmente desconcertante que arrancó con una mujer prehistórica que da a luz tras un terremoto. ¿A qué viene eso? ¿Qué significa? Una respuesta que nunca llegó. Tras esta escena y una nueva secuencia de apertura, nos situamos en un nuevo escenario: el pueblo de Miracle, Texas, convertido en un lugar de peregrinaje tras el 14 de octubre de 2011, cuando el 2% de la población desaparece repentinamente y sin explicación en todo el mundo, excepto en Miracle. Y con el nuevo escenario, una nueva familia, los Murphy, de quienes conocemos algunos dramas personales. ¿Es esto The Leftovers? No hasta el final del capítulo, cuando los ya conocidos Kevin, Nora, la hija de este y la bebé recién adoptada se instalan en la casa de al lado. Ya en el segundo capítulo nos centramos y conocemos cómo han llegado nuestros viejos conocidos a Miracle hasta que ambas historias se entrelazan. Pero llega el tercer capítulo y ¿qué pasa? Que de nuevo no sabemos nada de un protagonista cada vez menos protagonista, sino de su exmujer e hijo. A la siguiente semana, vuelta a la historia principal. A la siguiente, a la historia del sacerdote y hermano de Nora, Matt Jamison. Y luego, vuelta a la trama principal, si es que podemos considerar que hay una en este caso.
The Leftovers explora la fe a través de sus personajes, cuyas creencias, o descreencias, intentan entender a dónde ha ido ese 2% de la población mundial. Sin embargo, no lo hace así la serie, que no busca respuestas a los interrogantes, que ignora los porqués. Esta vez, Lindelof no busca crear misterio tras misterio y, de crearlos, no les da importancia. El creador ha aprendido de Lost y centra el argumento en puras emociones: tristeza, desconcierto, incertidumbre, dolor. The Leftovers es una montaña rusa emocional en la que viajan los personajes y en la que invitan a subir a los espectadores, que con el paso de los capítulos acabamos igual que ellos: no entendemos nada. Las emociones no serían nada sin los guionistas que las plasman y el elenco que las personifica de tal forma que nos hacen sentirlas al otro lado de la pantalla. Ejemplo de ello es la memorable e intensa conversación entre Erika (Regina King) y Nora (Carrie Coon), dos madres que han perdido sus hijos. Un auténtico puñetazo emocional.
The Leftovers, a través del simbolismo presente en la serie, llega también al marco sociopolítico actual, con el que son varios los símiles que se pueden establecer. Miracle, en cuya entrada acampan miles de personas a la espera de que se les permita entrar para salvarse o sentirse protegidos, es la Europa actual en cuyas fronteras aguardan miles de refugiados sirios huyendo de la guerra. “The Guilty Remnant”, el grupo de silenciosos fumadores de blanco, pretende que la gente no olvide atentando contra aquellos que no comparten su fe, lo cual en tiempos del terror del ISIS nos resulta claramente familiar.
HBO acaba de anunciar que The Leftovers regresará en la temporada de otoño de 2016 con su tercera y última temporada, lo cual vuelve a lanzar innumerables preguntas al aire. ¿Sabremos qué fue de los desvanecidos? ¿Solucionarán los Kevin, Nora y compañía sus dramas personales? ¿Quién era esa mujer de la Prehistoria? Y, sobre todo… ¿entenderemos algo de una vez?

Saru Fernández

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